Es vital, limitada y, por suerte, transferible. La sangre es el bien más preciado en los hospitales y nace de un gesto tan altruista como la donación; de la decisión de una persona que un día, o varios, se sienta en una camilla para después recibir un bocadillo y un refresco. La contraprestación no tiene precio. Sabe que su decisión salvará o, en el menor de los casos, ayudará a tres personas. Las cifras no mienten. Según Cruz Roja, uno de cada dos residentes de España la necesitará en algún momento de su vida. Otra forma de verlo: cada tres segundos alguien la precisa en el mundo.
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LA VOZ DE GALICIA: Donar sangre, 24 horas contra el reloj
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