Hoy, 26 de noviembre, se celebra el Día Mundial del Déficil de Hierro, una condición que afecta a una parte significativa de la población y puede pasar desapercibida hasta que causa síntomas severos o desemboca en anemia. El hierro desempeña un papel vital en la producción de hemoglobina, la molécula encargada de transportar oxígeno en la sangre. Cuando las reservas de hierro son insuficientes, el organismo sufre efectos visibles, como cansancio sostenido, palidez, dificultad para respirar, taquicardia, mareos, y, en algunos casos, alteraciones del estado de ánimo o del rendimiento físico.
La carencia puede desencadenarse por ingesta insuficiente de hierro, pérdidas crónicas de sangre —por menstruaciones abundantes o sangrados digestivos—, trastornos de absorción intestinal (como la enfermedad celíaca) o aumentos de requerimientos durante el embarazo o la infancia. Muchas personas no presentan síntomas evidentes de forma establecida, lo que dificulta la detección sin un análisis de laboratorio adecuado.
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